| CHEVROLET HHR 2.4 LT |
| martes, 20 de mayo de 2008 | |||||||
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El Chevrolet HHR podría estar arrancado de una tira de cómic o de los añorados TBO de nuestra infancia. Pero no; es un coche real, y tiene como fuente de inspiración un modelo legendario de la misma marca: el Suburban, considerado por muchos como el pionero de los monovulumenes y que formó parte de la vasta cultura automovilística estadounidense allá por 1949
Así, a primera vista, todo el mundo exclama !qué coche tan raro¡, pues su diseño es más impactante incluso que el del Chrysler PT Cruiser, el antecedente en esta moda de recuperación de lo "retro" con las hechuras de esa edad de oro del automóvil que para Estados Unidos que fueron las décadas de los cuarenta, de los cincuenta y de los sesenta. Raro no implica que sea feo. Todo lo contrario, gusta por lo resultón. Su imán para la vista esta en una delantera con capó en forma de flecha que cede el paso de atrás hacia adelante a unos poderosos pasos de rueda por su amplitud saliente, de forma que rompe la regularidad de la visión lateral. La parrilla cromada de cinco líneas en todo el frontal y unos faros incrustados en los pasos de rueda terminan por seducir al completo. La visón lateral del coche atrae por esos colosales pasos de rueda cuya figura geométrica de la parte delantera se repite también en la trasera, una línea alta de cintura muy contundente que deja poco espacio a la superficie acristalada, puertas con tiradores clásicos cromados, lo mismo que los retrovisores, y una sucesión muy uniforme de tres ventanas para señalar que tras los asientos traseros se puede optar por un maletero soberbio en capacidad o dos asientos que añadir al pasaje, pero limitados a niños pequeños. Un inconveniente es que este maletero la bandeja separadora no ocupa su lugar tradicional y se esconde bajo la moqueta. Por detrás, un portón bien dimensionado para favorecer la carga en un maletero de 634 litros con cinco asientos operativos y unos originales pilotos redondos ubicados casi incrustados en el lateral. Tanto en la parte posterior, como en la anterior, dos considerables defensas dibujan un aspecto bastante musculoso. El fabricante juega aposta con las formas del coche, con la sensación transmitida de una altura que se conjuga bastante bien con la fácil accesibilidad, una conducción levemente sobreelevada y una habitabilidad ciertamente amplia. En pura ortodoxia no es un monovolumen, aunque la faceta de la modularidad interior tiene apoyos en el fácil movimiento de los asientos y en algunos huecos portaobjetos. Dentro del coche, la recreación visual tiene su cara en una original y graciosa disposición de las coronas circulares de los relojes de información, una tapicería de piel de serie y abundantes cromados que realzan la estética, pero la cruz está en una calidad manifiestamente mejorable de los plásticos. La posición del conductor tiene aspectos a mejorar. Los asientos son cómodos y amplios, pero tienen alguna laguna en cuestión de sujeción. El volante, forrado en piel, tiene excesivo diámetro y resulta complicado abarcarlo con plenas garantías de buena respuesta a posibles volantazos. A la palanca de cambios le falta un puntito de accesibilidad y de precisión en los engranajes. El HHR solo está disponible en España con un motor gasolina de 2.4 litros y 170 CV, que sin ser un dechado de perfección en las prestaciones, sí puede presumir, en cambio, de ser muy uniforme y regular en su comportamiento. Vaya por delante y como elemento a destacar un silencio muy logrado gracias a un revestimiento de polímero en los pistones y a un nuevo anillo que reduce ruidos en frío. En marcha este motor es progresivo y su mejor rendimiento se deja ver a partir de las casi 4.000 vueltas, donde las recuperaciones rápidas están garantizadas. Se deja llevar sin ahogos levemente por debajo de las 2.000, pero acelerar ahí implicará el movimiento de la palanca en reducción de marcha. El consumo, de ninguna manera, es excesivo, pero el HHR es especialmente sensible en este campo a ritmos lentos y uniformes de marcha, donde optimiza seriamente el gasto. En prueba rozó los diez litros de promedio cada cien kilómetros. En el comportamiento dinámico sale bastante airoso, porque es un coche adaptado en suspensiones a los gustos europeos, es decir se ha tendido a un endurecimiento de las mismas. El resultado es una eliminación casi absoluta de balanceos, y un comportamiento bastante noble en las trazadas, pero se deja sentir en exceso el efecto rebote en la rodadura, aún por los firmes más cuidados. Se deja percibir, asimismo, algún que otro ruido dinámico, pero es que la geometría no ayuda en este sentido, pese al aceptable Cx que se ha logrado. La dirección se emplea con precisión para trazar correctamente, aunque el radio de giro, muy largo, se deja notar en las maniobras estrechas. Los frenos, bien, eficaces, pero con un tacto rugoso. Un coche de más de 28.000 euros exige los discos y abjurar de los tambores que equipa en el tren trasero. No es accesible en cuestión de precios, pues los ya citados más de 28.000 euros de su precio de venta al público, resultan muy sobrevalorados. En su descargo, un equipamiento muy completo, tanto en seguridad como en elementos de información, con especial referencia a un ordenador de a bordo con nutrida comunicación sobre los elementos vitales del coche y detalles como el timbre que avisa de la necesidad de desactivación de los intermitentes.
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